La comisión electoral de Togo ya anunció el sábado - varios días antes de lo previsto - los resultados provisionales de las elecciones del jueves, que daban la victoria al actual presidente. Más del 60 por ciento de los votantes de Togo habían depositado su confianza en FaureGnassingbé, hijo del anterior gobernante de Togo que se mantuvo en el poder, sin restricciones, durante 40 años.
En ese momento, el principal partido de la oposición Unión de Fuerzas para el Cambio (UFC), ya había declarado como vencedor a su candidato Jean-Pierre Fabre. Según cifras confirmadas por sus observadores en las elecciones Fabre había obtenido al menos el 60 por ciento de los votos, según reivindica el UFC.
Durante el fin de semana, el anuncio de la Comisión Electoral, por lo tanto, causó un alboroto generalizado entre la oposición togolesa, alegando que los resultados provisionales eran fraudulentos. Numerosos manifestantes se reunieron el sábado en Lomé, llegando a llenar la principal plaza de la capital de Togo, pero pronto llegó la policía antidisturbios, dispersando las protestas con gases lacrimógenos y barricadas.
La oposición UFC tiene motivos históricos para mantenerse escéptica ante el anuncio de la Comisión Electoral. Mientras la dinastía Gnassingbé se ha mantenido en el poder, ninguna de las elecciones organizadas ha sido libre. En cada elección, se ha revelado un uso indiscriminado de manipulación de los resultados, al mismo que la oposición ha sido hostigada y la violencia contra miembros y simpatizantes de la UFC ha causado un gran número de muertos y refugiados.
Sin embargo, la UFC también ha sido capaz de llevar a Togo hacia un lento proceso de democratización, logrando mucha ayuda de la Unión Europea (UE). La UE congeló toda su cooperación con Togo, exigiendo el respeto de los derechos humanos y las instituciones democráticas. En estas elecciones, que muchos esperaban, la reforma había llegado lo suficientemente lejos para dar a UFC una oportunidad real de ganar los comicios.
Pero ya durante el proceso de votación, la oposición protestaba ante los intentos de fraude. También los observadores electorales de la UE se mostraron escépticos sobre la transparencia del proceso de escrutinio, donde los colegios electorales les prohibían anunciar los resultados. Además, existe una enorme preocupación ante la posibilidad de que las fuerzas armadas pudieron votar dos veces: una vez en las elecciones militares del 1 de marzo y posteriormente en las elecciones generales del 4 de marzo.
El UFC ya ha anunciado que impugnará los resultados electorales en el Tribunal Constitucional de Togo, en el plazo de una semana.
Pero no hay hasta ahora pruebas de que las elecciones han sido masivamente fraudulentas y que el actual presidente no venció las elecciones. El problema es - en el caso de que Gnassingbé haya vencido las elecciones - que las instituciones que reclaman su victoria no tienen credibilidad debido a décadas de fraude.
Hay, pues, un temor generalizado de que la violencia post-electoral pueda volver a estallar en Togo. Hace cinco años, cuando el UFC afirmó tener pruebas de fraude electoral, la oposición organizó una serie de protestas pacíficas que llevaron a un ataque masivo por parte del ejército y el partido gobernante en los bastiones de la oposición. Más de 400 personas murieron y miles tuvieron que huir del país.